ESPEJO

Me proyecto en un espejo
que es el eco de tu voz
devolviéndome un sonido
de alter ego resentido
y reboto en tu mirada
que dispara miedo y hambre
de ser, sentir y saber
quién eras tú y quién yo

y despejo ese reflejo
con un raquetazo de luz
para que no se oscurezca
qué soy ahora, qué tú…

jugando, sí, al despiste
de la pista musical
donde tal vez interpretes
mi experiencia gestual
bailando en tierra batida
cual alga en agua de mar:
cada cual sobreviviendo
en su medio natural,
y cumpliendo tantas veces
ese absurdo ritual
donde nadie pierde o gana
porque tú eres tu rival.

 

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Yayoi Kusama- Infinity Room

Argonita

Sueño tan alto
y vivo tan a ras de suelo
que el deseo de volar
me impide mantenerme abajo.
Susurros nocturnos me dicen: 
“sube, no dejes de subir…”
y obedezco su mandato.

Tiran de mí hacia arriba
y abandono mis zapatos
comenzando a flotar
aunque sea del revés.
Creo que lo llaman fe
porque antes de probar,
lo sé.

Cuento con gran compañía:
la mía

voy sin equipaje,
desnuda es mi traje

libre de visado,
sin ninguna frontera

ya he despegado:
terminó la espera

 

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velocistas vs fondistas

Vías y días en que te planteas si eres más fondista que velocista, o viceversa. Es algo que no controlas pero que ahí está, como un sino que te va marcando el tipo de entrenamiento para el cual naciste, y que vas descubriendo conforme avanzas en tu carrera. A tu lado corren miles de personas en una sucesión constante de adelantamientos, caídas, gritos de ánimo y lesiones. Todavía no sabes lo que eres, sólo que te desplazas a un ritmo concreto y no puedes percibir el volumen ni el desarrollo de tu musculatura, flotando como un fantasma en medio de la gente.

Admiras a los impulsivos que vienen dotados de un arranque inmediato y concluyen múltiples carreras en un año. Estos Lamborghini resultan atractivos por su eficacia inmediata, pero en su frenada siempre brusca, suelen dejar heridos. Aun así, gozan del aplauso del público y es difícil resistirse a su presencia y al torrente de emociones que desatan a su paso. El pistoletazo que los precede funciona a modo de mecha en tu bomba visceral: una cosa loca, un avance inevitable hacia el estallido final… cuestión de diez segundos. Definitivamente, el terremoto de los guepardos, te deja temblando un buen rato. 

Cortoplacistas especialistas en el corto y cambio, que te contagian con su ritmo explosivo o te dejan tirado en medio de la pista. Todos hemos sido víctimas o verdugos en alguna etapa vital. 

Luego están aquellos que cuando uno alcanza la línea de meta, complacido y exultante, te rebasan y siguen corriendo, dejándote atontado cual vaca mirando un tren, con tu medalla colgando y tu cara de “yahoraquécojoneshago”. Sus fronteras indefinidas les conceden otro tipo de inspiración menos enfocada en el impulso y más en la resistencia. Les importa menos el reconocimiento inmediato que la búsqueda de sus propios límites, porque los Land Cruiser son duros de roer y odian el asfalto. Su avance es más silencioso, pero también más penetrante, tal es la fe con que vienen dotados de serie, y que solo se hace visible a través del tiempo y del espacio, cuando te dejan comprobar su fiabilidad en terreno abrupto. 

Inversores en fondos a largo plazo, oscilando a veces entre la necesidad del ahorro y la satisfacción de los deseos inmediatos. 

Años y daños que te van colocando en arrancaderos inesperados sin entrenamiento previo, o con lesiones acumuladas. Y sólo sobre la marcha, en un ejercicio acelerado de autorreconocimiento, vas siendo consciente de las reservas de aire de tus pulmones, de tu resistencia muscular y sobre todo, de tu fortaleza mental. Un motor que habrás de mantener a punto y bien lubricado para que los engranajes funcionen correctamente y cada pieza en tu cabeza haga click. A partir de ahí, la potencia y el control serán tus aliados si quieres ser un buen sprinter, mientras que la presión y el enfoque adecuados te harán taladrar muchos kilómetros. 

Por mi parte, llevo encasquetados los anillos de Saturno y aunque quiera detener su influjo, lento y persistente, no consigo especializarme en los cortos metrajes, por más divertidos e inspiradores que me resulten. Lo mío, mal que me pese, son las epopeyas y los tochos Dostoyevskianos con giros inesperados que alientan cien páginas más. Y sucede que el fondismo me lleva hasta el abismo, y cuando llego a meta me grita: ¡espejismo, espejismo!, condenándome a tirar veinte le(n)guas más, en un trance interminable hacia destinos inciertos.

Porque así, a fuerza de resistencia y mob&viento, avanzamos hacia el entendimiento, esculpidos con presión, velocidad o tiempo.

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Ryohei Yamashita

PULSIÓN LOVE UNA

Hace ya un tiempo, no mucho, que camino a cuatro patas. Mi tracción es más fuerte que antes y ya no derrapo tanto. Mis ojos se han convertido en faros de visión nocturna que igual me alertan de depredadores que de alimento que llevarme al alma. La idea es evolucionar como nuevo ser hasta encontrar mi manada, sin presiones ni pretensiones, por derecho propio y natural. Aún me escuecen las heridas de mis patas traseras, pero desde que he dejado de lamerlas, cicatrizan a buen paso y corro más ligera. El olfato se me ha desarrollado tanto como para oler a varias millas la carne putrefacta que rechazo por principio animal, en solidaridad con mis hermanos los buitres, que no han aprendido todavía a elaborar mis estrategias de caza. A mí me interesa la carne fresca, el animal vivo y entero que sabré dosificar para darme la energía necesaria. En este viaje largo y apasionante, no caben las prisas si me quiero curtir como debo. De noche, maravillada con mi agudeza auditiva, puedo escuchar los latidos humanos, tan volubles, que reafirman mi supremacía salvaje. Ellos también temen. Por eso se han inventado estructuras de dependencia donde perpetuar, sin saberlo, su espíritu endeble.

 Yo no, yo sólo confío en mi instinto y en el poder natural que me envuelve y sostiene. Aún es primavera y dispongo de dos estaciones más para encontrar mi manada. Las sombras me dan aliento, el viento me revela el alimento, la roca me cobija en su boca y el río disuelve mis huellas. Todo me es dado con agrado.

 Cuanto más voy madurando, más me alejo del ruido, pues el silencio y la soledad son buenos consejeros, me proveen de lo necesario y me susurran los senderos que debo tomar hasta encontrar mi tribu. Mis energías están concentradas en lo esencial: sobrevivir para supervivir. Y en este empeño me sobran los ecos de las aves de rapiña, ladronas de mi sustento, y las trampas del rival.

 Sé de otros lobos esteparios, errabundos, solitarios o desterrados por viejos, que vagan sin rumbo cierto ni dominios definidos. Yo pertenezco a la segunda categoría, deslizándome entre las rocas, acechando sigilosa entre los matorrales, esperando la luna propicia a la que habré de aullar para advertir de mi presencia. Será el momento en que otras voces me reclamen y sólo a los más aptos, habré de unirme. Entonces el preciado elixir de vida me correrá por dentro y mis colmillos, firmes y bien tallados, podrán desgarrar por fin a la presa que habrá de servir de banquete a nuestra unión.

 La nieve teñida de rojo, anunciará entonces que -ahora sí- estamos en marcha. Se desate, pues, el peligro de seguir creciendo. Ellos temen. Nosotros, no.

RENDIRSE

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Philip Glass, The Kiss

 

 

Me rindo a la belleza
para salvarme otra vez
del ruido que la mata
aunque siempre vive dentro
y ruge cuando la asaltan

y

dejo que me llueva encima
y me aflore como a mayo
cubriéndome de nubes
para provocarme el llanto,
sentirme purificada
viva y loca y alerta
y resurgir renovada
en medio de la tormenta.

 

FLUIR

Fluyen la savia
la vida y la sangre
el aire, la risa
la brisa o el agua

Con movimiento
fluye más ligero
el tiempo

Todo lo que fluye,
ni busca ni rehúye
se filtra y avanza:
influye.

E.LOLI WATER
Eugenia Loli

 

RUEDO

Tentación de:

humillarme ante todos,
perder la vergüenza
de sacrificarme
y sucumbir

sin capa ni espada
sin traje de luces
paseíllo ni montera,
desnuda y temblando
sin cuernos ni rabo
y con ojeras.

Sólo un redoblar
de tambores
dentro,
anunciándome
que sigo viva
cuerpo a tierra
y jadeando.

Abro un ojo
encharcado,
y nadie sino yo
me mira.

Cargo mis restos
a hombros
y salgo
de rojo,
por la puerta grande
que nunca
debí atravesar.

Dignidad,
así me llamo.

 

Sammy Slabbinck